¿Cómo comer quesos únicos sin pagar una pasta?
En España existen más de 13.547 quesos.
Detrás de ellos hay miles de productores: familias, queserías pequeñas y gente que lleva generaciones haciendo lo mismo sin necesidad de contarlo.
A eso súmale miles de etiquetas que prometen ser
"artesanas",
"de autor",
"como los de antes".
Un paraíso absoluto.
Y también un problema.
Porque por cada buen queso hay cinco "expertos de barra" que convierten una cuña en un discurso de cuñado ilustrado.
Gente que no corta queso, lo presenta.
Que no prueba, evalúa.
Que no disfruta, sentencia.
Y lo peor no es que sepan.
Lo peor es que hablan como si tú no.
El problema no es el queso
Es la gente que habla de queso.
Que si leche cruda.
Que si afinado en cueva natural.
Que si notas animales, persistencia larga y final honesto.
Como si el queso tuviera que justificarse.
Mientras tú solo querías algo sencillo:
que estuviera bueno,
que se pudiera compartir
y que no te hiciera sentir idiota por no saber explicarlo.
El queso no nació para impresionar.
Nació para comerse.
No hace falta ser experto para disfrutar del queso
No necesitas un vocabulario raro.
Ni una tabla con doce tipos de corte.
Ni
aprender a describir sensaciones que no sientes.
El buen queso se reconoce así:
lo pruebas
y te apetece otro trozo.
Fin.